Cuando el deshielo abre claros, el ajo de oso perfuma los arroyos y los brotes de lúpulo asoman tímidos. Una canasta ligera, un cuchillo limpio y una guía fiable bastan para recoger lo justo. Recuerda dejar raíces intactas, alternar zonas y agradecer con silencio el regalo generoso del sotobosque.
En julio, las moras manchan dedos y sonrisas, mientras caléndulas y saúco iluminan caminos. Recolecta temprano, evita bordes polvorientos y transporta en recipientes amplios para no aplastarlas. Seca pétalos a la sombra y prepara jarabes fragantes. Comparte con vecinos, pregunta costumbres locales y aprende a diferenciar bien lo seguro de lo simplemente parecido.
Tras lluvias suaves, los hayedos entregan boletus firmes y rebozuelos dorados. Camina despacio, observa márgenes musgosos y corta con precisión. Clasifica lejos de otras especies, cocina pequeñas pruebas y respeta cupos regionales. Mi mejor lección llegó de un abuelo en Kočevje: primero escucha el bosque, después decide qué llevas y qué dejas crecer.
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